Si su amigo Kircher llamaba a Dios “Óptimo y máximo organista”, Caramuel lo definió como “Primus Summus Poeta” y al Universo como divino poema, y creó una nueva disciplina con el nombre de “Metamétrica”: el estudio de los ritmos y metros en abstracto, de la “arquitectura” sobre la que descansan los “laberintos métricos” formados por retóricos, poetas y músicos, el estudio y deducción de los esquemas prosódicos que dan lugar a los acrósticos y permutaciones, a través básicamente de la Combinatoria.
-Alfredo Aracil: Juego y artifico. Autómatas y otras ficciones en la cultura del Renacimiento a la Ilustración. Ediciones Cátedra, Madrid, 1998.-
Imagino una composición singular, especie de relato laberíntico donde cada renglón, combinando letras y espacios, posee idéntica cantidad de caracteres pero donde, además, este número de caracteres se corresponde con la cantidad de renglones, de manera que, al verlo sobre el papel, se conforma un perfecto cuadrado de signos.
Imagino que esta escritura encierra, además, una oración virtual, un concepto mágico que aconsejaría buenamente a las muchachas sobre la llave para su orgasmo -y su manera propia, única en cada joven, de experimentarlo- pues es allí donde se encontrarían: en el cuerpo.
Imagino que esta frase esencial se distribuye en un perfecto círculo a través de un procedimiento ingenioso, metamétrica a la manera de Caramuel pero emparentada con los versus intexti tardolatinos y carolingios. Una suerte de acróstico oculto en un mándala.
Y que es en la combinatoria metamétrica del círculo con respecto a la elección individual de una o más partes del cuadrado, donde reside la personalidad del hallazgo orgásmico desentrañado por cada mujer en cada circunstancia.
La dificultad estriba en conocer el diámetro correspondiente, para encontrar así la adecuada oración.
© Gustavo Charif 2006.
Nota: Aracil, en su extraordinario libro, refiere a
J. Caramuel, Primus Calamus, tomus II, ob oculos exhibens Rhytmicam, quae Hispanicos, Italicos, Gallicos, Germanicos, c. versus metitur, eosdemque concentu exornans, viam aperit, ut Orientales possint populi (hebraici Arabes, Turcici, Persici, Indici, Sinenses, Japonici, c.) conformare, aut etiam reformare proprios numeros, Santangel, 1665 (2da. ed. Campania, 1668), pág. 14; cit. en J. Velarde Lombraña, Juan Caramuel, Vida y Obra, Oviedo, 1989, pág. 302.
J. Caramuel, Primus Calamus ob oculos ponens Metametricam quae veris currentium, recurrentium, adscendentium, descendentium, nec-non circumvolantium versuum ductibus, aut aeri incisos, aut buxo insculptos, aut plumbo infusos, multiformes labyrinthos exornat, Roma, 1663 cfr. J. Velarde Lombraña, op. cit., págs. 300-306. Aracil, finalmente, agrega: "Un interesante análisis encontramos en J. Luque Moreno, De pedibus, de metris. Las unidades de medida en la rítmica y en la métrica antiguas, Granada, 1995, especialmente págs. 18-25".

<< Home