domingo 10 de octubre de 2010

Estos pequeños pasos dados lentamente...


A quienes creyeron conocerme como para creer que me amaban
estuve
en el fondo. Abisal
y tan extraño
que añoré
mi felicidad. Y busqué
el origen de esta marca que envuelve y circunda: qué
me poseía sin llanto
que alcanzara para ahogarlo. Llegué a pensar
en el organismo puro, primera ciencia.

(Si hablo en pasado es para no invocar, no más.)

Despierto
al final de un largísimo sueño: una dicha ligera
naciendo de la tranquilidad por saber
que no hay metáforas a partir de aquí.

No sé qué día es, hoy.
Las cosas
no tienen nombre. Mi vida
comienza otra vez.

"Comienza otra vez", me ordeno.


(De El cuerpo humano.)


© Gustavo Charif